El segundo partido en la "Era Cappa" nos enfrentaba, paradójicamente, contra el Estudiantes de Sabella, que había llegado a la cima gracias al triunfo de River ante el ex líder, Godoy Cruz, el sábado pasado. Ese sábado, en el cual desde el palco bajo de la San Martín , pude disfrutar del debut de Angelito en el banco, la vuelta del Enano a las canchas con la Banda Roja cruzando su pecho y saborear, por fin, luego de más de 500 minutos, ese exquisito sabor de perder la garganta ahogándome en el grito de gol, en la ovación al Burrito y que no me dejó recuperar el aliento que, de repente, veo al Loncho dejando al arquero en el camino, al mejor estilo Crespo y definir, dramáticamente, en el arco cubierto por la corrida del último hombre mendocino. Fue 2 a 1 y delirio en la tribuna, que alentó desde el minuto cero, mostrando que River es River, por peor que estén las cosas. "Porque a River lo quiero, lo vengo a alentar; Porque a River lo quiero, lo vengo a alentar; en las buenas y en las malas mucho más....."
El arranque contra el Pincha fue parejo, con River muy sólido, presionando las salidas con Ortega y Villalba; y Estudiantes con el órden que lo caracteriza y que lo llevó a ser hoy, el mejor equipo de Sudamérica.
No era una parada fácil en el estadio Cervecero, pero de a poco, River comenzó a parecerse a ese equipo que resultó vencedor ante los mendocinos. Ortega estaba encendido, Mauro Díaz aparecía para dar toques precisos (salvando los años luz de diferencia, tiene algunos movimientos de Lío Messi) y, Affranchino y Pereyra iban y volvían, lastimando por sus carriles en cada ataque. Cerca de los veinte minutos, con un aire de Tiki-Tiki, Mauro roba la pelota en una salida del local, toca cortito a Ortega y busca la devolución, tocando luego de primera para la entrada de Pereyra, que con un muy buen remate cruzado que no llegó a cerrarse, hizo transpirar a Orion, que vio como el balón pasaba a centímetros de su palo izquierdo.
A los 21´, minutos después de ilusionarnos con esa imágen de un River diferente, se cayó el cielo abajo. Enzo Pérez recibió por la derecha un pase entre líneas de La Bruja y metió un centrito al ras del piso que tenía como destino las manos de Ojeda, pero Quiroga, que tenía otros planes (y los pies torcidos), la quiso despejar y le dio con el tobillo. El resultado fue la pelota volando por encima del arquero Millonario y entrando lentamente, de una manera muy parecida al gol que Achucarro le convirtió a Vega un par de fechas atrás. Era el 1 a 0, sin merecerlo, sin llegadas, sin haberlo buscado y, como si fuera poco, sin haber rematado al arco.
A partir de ahí, Estudiantes se tranquilizó y River sintió la puñalada, se enloqueció, perdió la línea. En cinco minutos, el Pincha llegó con peligro muchas veces y hasta convirtió, en offside, la Gata Fernandez un gol de chilena bien anulado por el línea, que lo vio mas de un metro adelantado. Otra opción de gol se fue por arriba cuando Ojeda salía mal en busca de un centro y en otra oportunidad similar estuvo estupendo para evitar la segunda caída ante un cabezazo de Desábato.
Encima, Ortega tuvo un duelo personal con el "reincidente" Desábato, que se refirió de mala manera al problema que todos conocemos que tiene Ariel y esto hizo enojar a Ortega de una manera, que no se lo veía desde el cabezazo a Van der Sar, sacándolo del partido y que su única meta sea vengarse del defensor pincharrata.
El partido estaba caliente y esto le complicaba a River retomar el rumbo perdido. Recién al final de la primera etapa, se pudo reencontrar con un par de toques y llegar al área rival, aunque ya sin peligro.
El segundo tiempo estuvo demás. El principio fue muy desordenado, se perdió mucho tiempo con las patadas y atenciones médicas para Ortega y Desábato, que seguían con su partido aparte gracias a la falta de sentido común de Pittana.
River tuvo varios minutos de buen juego con las llegadas que no pudo concretar a los diez minutos del complemento, pero fue solo eso, una esperanza de llegar al empate muy lejana a lo que el juego mostraba.
Después entró el Enano y salió Pereyra (el cambio, en mi opinión, era por el Keko), pero gravitó poco a causa de que a esa altura el mediocampo era tierra de nadie.
Cuando faltaban quince para el final, el Pincha, ya había cerrado el partido. Había manejado muy bien los hilos durante el segundo tiempo con un Verón muy inteligente y casi sella el resultado con un intento de chilena de Boselli, que por suerte le erró al balón y en el partido no tuvo participación.
Al igual que la segunda etapa, la estadía de Villalba y la entrada de Cabral no debieron haber sucedido. Ambos se fueron expulsados, por roja directa, cerca del final del partido por dos planchazos muy peligrosos.
Estudiantes cuidó un resultado que le llegó de casualidad, pero que como bien decía Lito Costa Febre, da la impresión que te gana cuando quiere; River se hundió en la desesperación y descartó el juego que propone su entrenador; y el árbitro y sus asistentes terminaron de manchar el espectáculo con los errores cometidos.
Fue 1 a 0 y a masticar la bronca de lo que no pudo ser. Cappa va a tener que meter mucha mano en el juego, pero también en lo psicológico de un equipo que se tropieza con una piedra y parece enterrarse en un pozo. Que vengan los refuerzos de jerarquía...
Por todo esto y sin siquiera despeinarse, Estudiantes da cátedra de como mantener una base sólida de jugadores que le permiten jugar bien y defender los dos frentes, Copa y Campeonato. Mientras tanto, River tiene que seguir sacando la tierra que le tiró encima la gestión anterior... Fuerza River!