lunes, 20 de septiembre de 2010

Crónica de una enfermedad anunciada

Partido complicado se le presentaba este fin de semana, a River, en el Marcelo Bielsa. Un Newell´s cansado pero feliz venía de vencer a Estudiantes por la Sudamericana, y Sensini decidió mantener a su equipo inicial, para dar pelea también en el torneo. El Millo había tenido una semana tranquila, con la punta compartida y un gran triunfo ante Arsenal el domingo pasado. Pero, sin embargo, algo seguía mal.

Mas allá de que contra los del viaducto, River había tenido muchos puntos altos, siguió sin encontrar el buen juego. Este equipo tiene de todo, menos el tiki-tiki que le gustaría al DT.
Lejos de eso, pero con destellos que nos ilusionan, fueron transcurriendo las fechas y engrosamos un poco el flaco promedio; y nos motivaba vernos en la cima de la tabla, tan poco visitada en los ultimos tiempos.

Pero, por desgracia, River tiene una enfermedad, que no es terminal, ojo, y además tiene cura; aunque por ahora no la encuentra y se autoabastece de lo que su sistema inmune le otorga. Esa enfermedad, se presenta en forma de apatía, intrascendencia, falta de contundencia, "lagunismo", malas decisiones a la hora de los cambios y otros males que acechan al equipo de Núñez, durante varios lapsos de los 90 minutos. Por suerte, el sistema autoinmune lo provee del corazón que tiene por su historia y de la vergüenza que le da su presente. River está herido en su orgullo y aunque lo den por muerto y no tenga armas para defenderse, va a dejar hasta el alma para no rendirse en estos momentos.

Esta tarde, la Lepra, lo superó en el resultado y en lo físico. El gol de Newell´s llegó cuando todavía no había pasado nada. River respondió rápido con Funes, pero no pudo ser. Podría haberla cruzado, pero el pibe definió como dice en los manuales... (lástima que Peratta también los leyó). Después, Ballón demostró por qué juega de 5 y no de 9, cuando la bajó como los que saben y, sólo, dentro del área, la tiró por arriba. En la primera parte no pasó nada más (salvó los topetazos y venganzas entre Peratta, Ortega y el pibe Lamela, que la ligó de rebote)
Durante la segunda etapa, los locales crecieron a costa de que River salió a buscar el partido como un boxeador que está a punto de ser noqueado. Como si no tuvieramos suficientes problemas para generar juego, Angel se equivoca (a mi entender) con el cambio y saca a Lamela, que había sido el único con toque fino para generar todas las situaciones que había tenido River. El partido se emparejó en situaciones de peligro, pocas por cierto, aunque la más clara la volvió a tener el Millo, cuando en esta ocasión Ferrero, con el arco solo y el arquero en el piso, la hizo rebotar en el alambrado.

River se volvió a perder en la falta de juego y entró demasiado pronto en la etapa del "como sea" olvidándose del toque que quiere Angel. Esta vez, el sistema autoinmune nos dejó solo con la frente en alto como para decir "la peleamos hasta el final", pero no se pudo hacer más. Esta enfermedad, que nos tiene a maltraer, tiene cura... Esperemos resolverla pronto y que no se vuelva crónica...

No hay comentarios:

Publicar un comentario